Software Libre y Economía Social

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El 22 de marzo de 2010, tuve la oportunidad de participar en el “Primer Evento de Software Libre y Economía Social” organizado por Gcoop y por el Centro Cultural de la Cooperación.

Cuando me convocaron para hablar unos minutos sobre las relaciones entre el Software Libre (SL) y la Economía Social (ES), primero -lo admito- me resistí un poco, especialmente porque la ES tiene sus propias problemáticas, definiciones y cuestiones, y nunca me había dedicado a analizarlas en detalle. Pero una vez que dije “allí estaré” me di cuenta que, si bien estas relaciones podrían verse desde dos puntos de vista diferentes (que explico más adelante), las diferentes preguntas que surgen de ambos, tiene una respuesta común y sustentada en la misma cuestión.
Pero, antes de pensar las relaciones, en primer lugar debemos decir que entendemos por cada una de las partes de este binomio que nos interesa relacionar.

A mi juicio, el SL puede entenderse desde tres dimensiones que se expresan a la vez: desde el punto de vista técnico/instrumental éste puede considerarse como un programa de computadora útil para resolver ciertas necesidades de los usuarios y cuya licencia permite que se cumplan todas las libertades que lo definen y que no son otra cosa que derechos para sus usuarios y creadores (usarlo para cualquier fin, copiarlo, modificarlo y distribuir sus modificaciones). Pero también, desde el punto de vista sociopolítico, alrededor del SL se construye un movimiento social y político —sustentado en su base técnica (el software)— que va más allá de las comunidades técnicas que lo desarrollan y cuyo propósito general nos remite a la liberación del conocimiento en todas sus formas y el acceso a la cultura (donde se incluye el software) como derecho humano, así como su libre uso y producción. Y por último, desde la perspectiva económica el SL también puede ser entendido como un “modelo de negocios” en tanto que ni su filosofía ni su ética, prohíben la utilización comercial del mismo ni el derecho de venderlo siempre que se respeten las libertades/derechos antedichos, por lo que se lo considera económicamente viable.

Por su parte, la Economía Social puede entenderse como formas económicas diferentes a la economía privada (privado en contraposición a lo social, por eso relativo a la empresa tradicional) y a la pública (Estado), basadas en la solidaridad y en la cooperación; y donde la redistribución con equidad cumple un rol fundamental. Pero, al igual que el SL, también se expresa como un movimiento social, en este caso de lucha contra consecuencias de reestructuraciones productivas (como las vividas durante el surgimiento del movimiento); que tiene en sus formas de producir una racionalidad distinta a la capitalista. De hecho, en diversos artículos actuales, el cooperativismo se presenta como respuesta o instrumento para la resolución de las problemáticas de inclusión que ’el mercado total’ no puede resolver. Trabajadores, en el marco de un capitalismo que constantemente los explota, se integran (se incluyen) a una vida productiva fuera de la lógica y racionalidad capitalista que los excluye.

Presentadas brevemente las dos partes, retomo las preguntas que surgieron al relacionarlas: por un lado i) ¿Por qué los grupos productivos de SL deberían organizarse como cooperativas? Y ii) ¿Por qué las cooperativas y otros emprendimientos de la economía social deberían usar SL?
La única respuesta posible a la primera pregunta tiene que ver con cuestiones políticas y éticas, donde la gestión cooperativa de las decisiones, la idea de la autonomía y la propuesta coordinada pero ’sin patrón’ de las cooperativas permite un desarrollo productivo de estos grupos más ’afín’ o ’acorde’ a las proposiciones compartidas por los miembros. ¿Y esto por qué? Porque estos hackers, o desarrolladores, o técnicos no están buscando una inclusión que el mercado no les brinda: cualquiera de los miembros (por ejemplo) de las cooperativas presentes en este evento (tanto Gcoop como Elvex), podrían estar ganando más dinero si estuvieran integrados como asalariados en el ámbito de una empresa tradicional. Entonces, a diferencia de otras situaciones, podemos decir que lo que buscan es más bien excluirse de esa lógica asalariada, y participar desde una posición más solidaria, no sólo hacia el interior del grupo productivo, sino hacia la comunidad en donde se inserta la cooperativa.

¿Y qué tiene que ver el SL? Tiene que ver en la medida en la que ante la pregunta de ¿por qué una cooperativa? estos grupos consideran que es esta forma (que algunos llaman ’cooperación sin mando’ [1]) una de las maneras más parecidas a las prácticas de desarrollo comunitario de SL, donde no sólo la cooperación sino la solidaridad y la reciprocidad (dar, recibir y devolver [2]) son valores que atraviesan ambos movimientos. Sin embargo, aquí hay que hacer una salvedad: el SL en tanto tal (vale decir, respetando las cuatro libertades) puede ser desarrollado en cualquier forma productiva (asalariada, cooperativa, ’voluntaria’, etc.), porque éste no se define por la “manera” en la que fue desarrollado; aún manteniendo fuertes valores colaborativos y solidarios, y habiendo contribuciones de este tipo, contribuciones que muchos consideramos las más valiosas.

La respuesta a la segunda pregunta está dada, como adelanté, en una clave similar: es una decisión especialmente político/ética que las cooperativas o los emprendimientos de economía social en general (así como también las organizaciones sociales o colectivos que no son parte del mercado ni del estado) decidan utilizar SL. Porque, así como fue definido, el abordaje del SL desde la perspectiva sociopolítica opera en favor de la independencia tecnológica, de mantener la autonomía respecto de la información (cuestión que cuando son grupos en lucha es de gran importancia) y también en favor del desarrollo local.

Claro que el uso de SL por parte de estos emprendimientos también puede ser una respuesta a la búsqueda de legalidad (para evitar copias ilegales de software privativo), y -especialmente- al interés de no abonar licencias de uso a empresas multinacionales que, en definitiva, son las mismas que operan manteniendo el control del mercado que los excluye y contra el que muchas veces luchan.

¿Cuál es entonces la respuesta común?

La respuesta a ambas preguntas –ya sea desde el lado de los desarrolladores productivos, o de los grupos de la EC usuarios de software– es una respuesta política y ética. Y es desde ese espacio común que los valores compartidos mantienen vinculados a ambos movimientos: solidaridad, redistribución, participación asociativa (colaboración), la apertura al resto de la sociedad donde están insertos (y esto es algo en que, a mi juicio, el movimiento del SL debe trabajar más) y cierta tendencia a trabajar en redes.

Sin embargo, como pasa con las parejas (novios/novias) las “cosas en común” no alcanzan, hay que trabajar en la relación buscando desarrollar más y más las vinculaciones como es el caso del evento que nos convocó en el Centro Cultural de la Cooperación, o como el propio uso de SL en cooperativas y su difusión, y -especialmente- el apoyo en la construcción de nuevos espacios autónomos y productivos en el país organizados como cooperativas de desarrollo de SL, y articulados además entre sí.
Hay que poner, literalmente, el cuerpo a este noviazgo/relación en donde cada movimiento pone su parte, porque juntos pueden decirnos que:

1.No hay libertad del conocimiento sin cooperación.

2.No hay inclusión social (un objetivo común de ambos movimientos) sin redistribución equitativa.

3.No hay desarrollo (humano y productivo) [3] sin solidaridad.

V. Xhardez

Notas :

[1] Uno de los textos más conocidos es el de Miquel de Vidal (2000) “Cooperación sin mando: una aproximación al software libre”. En línea: http://www.sindominio.net/biblioweb...

[2] Lógica expresada en las economías del don o del regalo. Ver Zeitlyn, David (2003) “Gift economies in the development of open source software: anthropological reflections.” Nota de investigación, en Research Policy, Núm. 32 En línea en: http://elsecier.com; Harris, Marvin (1996) El desarrollo de la teoría antropológica. Primera edición 1979. Buenos Aires, Siglo XXI Editores.

[3] Considero el concepto de desarrollo como el “éxito en el despliegue del potencial humano y productivo de una sociedad” (Aronskind, 2001, pág. 3), que sólo puede darse en un contexto de construcción articulada de respeto de los derechos Civiles y Políticos de 1966 conjuntamente los indicados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) del mismo año; indivisibles y con jerarquía constitucional en Argentina. (Roldán, 2005). Aronskind, Ricardo (2001) ¿Más cerca o más lejos del desarrollo? Transformaciones Económicas en los 90s. Buenos Aires, Libros del Rojas, 2da Serie Extramuros. Roldán, Martha (2005) “División internacional-informacional del trabajo y configuraciones tempo espaciales. Explorando claves del desarrollo ausente argentino”, en Sociología del Trabajo, nueva época, N. 53, invierno de 2004-2005. Madrid, Siglo XXI Editores.